jueves, 4 de febrero de 2010

Adiós a Cambio: ¿Adiós al periodismo?

Un comunicado eufemístico fue el medio utilizado para anunciar el final de la revista Cambio. La Casa Editorial El Tiempo eligió ese modo discreto y gris para comunicar su injusta e incomprensible decisión. Es la misma organización editorial en cuyo principal edificio, al ingresar por la puerta frontal, pueden verse las efigies de Eduardo Santos Montejo y de su hermano Enrique, conocido por el seudónimo Calibán. El primero de ellos ciudadano presidente, periodista y político, arquetipo de vocación por el servicio público. El segundo, maestro del periodismo e inigualable columnista. Ambos profundamente liberales: hombres tan convencidos de la integridad de sus ideas, que bien dispuestos estuvieron a jugarse la vida por ellas. Hombres que jamás habrían concebido al periodismo como un mediocre juego de sumas y restas: sabían que el periodismo tenía un deber social esencial, y por eso, al ejercerlo, pensaban en Colombia, pensaban en la verdad, en el progreso, en la libertad y en la democracia. Jamás habrían pensado que el periodismo se hacía en virtud de unas monedas. Todavía a algunos ingenuos se nos ponía la piel de gallina al contemplar esas dos figuras y al pensar en su legado.

Tuve la inmensa fortuna de colaborar durante dos años con la revista Cambio. Sus directivos y sus periodistas no sólo me abrieron las páginas de su publicación, sino que también abrieron las puertas de su saber y de su experiencia, y con generosidad sin límites me permitieron aprender de ellos. Por esto, el cierre de la revista me produce un comprensible dolor personal. Pero también me produce preocupación. Me produce inquietud, pues temo por el futuro de una sociedad en la cual los medios críticos e incisivos se van apagando. Y temo por una sociedad en la cual el periodismo se convierte en un negocio más, despojado de toda función política y social. Nosotros aprendimos a construir la democracia contando con la prensa libre, activa y crítica como uno de sus pilares. No sé qué haremos, ni qué clase de democracia tendremos, si se impone el modo de pensar que sirvió para justificar el cierre de Cambio.

La Casa Editorial El Tiempo es una empresa privada, y por tanto sus decisiones sobre lo que produce y lo que hace son soberanas. Como soberanas son las determinaciones que sus accionistas tomen en cuanto al uso de su capital, y en cuanto a los réditos que de él esperan obtener. Así, la Casa Editorial El Tiempo y sus representantes han afirmado que decidieron acabar con Cambio porque dicha revista no producía los resultados financieros que habrían deseado. Bien pueden hacerlo: es su dinero y es su capital. Es su decisión soberana como individuos. Nuestra decepción surge porque creíamos o esperábamos que las cumbres del periodismo nacional estuvieran en manos de otra clase de individuos: más iluminados, más ilustrados, más conscientes del papel histórico, social y político de su actividad. En fin, individuos capaces de albergar una noción de bien común.

Supongamos que es cierto lo que alegan: que ellos esperaban mejores resultados de la revista. Sabemos bien, sin embargo, que no estaban ante una profunda quiebra, ni ante un desastre irremediable. Sólo frente a unos resultados que podrían haber sido mejores. No puedo dejar de preguntarme: de haber enfrentado una situación similar, ¿qué habrían hecho los maestros y decanos del periodismo nacional?; ¿qué habría hecho don Eduardo Santos?, ¿qué habría hecho Enrique Santos Calibán?, ¿qué habría hecho Alberto Lleras?, ¿qué habría hecho don Roberto García-Peña?, ¿qué habría hecho don Luis Cano?, ¿qué habría hecho don Guillermo Cano? No tengo duda de que incluso habrían sido capaces de grandes sacrificios personales con tal de mantener con vida sus páginas de periodismo libre e independiente. ¿Acaso don Guillermo Cano no llegó hasta el punto de ofrecer su propia vida? Todos esos maestros que he mencionado atrás, sin excepción, sufrieron la persecución de los bárbaros y de los fanáticos. Sufrieron atentados, amenazas, incendios, destierros y excomuniones. Hoy, algunos de sus herederos retroceden por el solo hecho de no ganar algunos pesos.

La Casa Editorial El Tiempo debe también ser consciente de que, aun cuando no se pone en duda la soberanía de sus facultades de decisión, será inevitable que algunas personas no crean en su versión de la historia. Hoy mismo, varias personas del común me han expresado lo que sienten: creen que la verdadera motivación del cierre tiene que ver con el carácter incisivo de las investigaciones que hicieron famosa a la revista. No afirmo que esto sea verdad, pero muchas personas lo creen y lo seguirán creyendo. Y lo creerán con honda preocupación, pues lo verán como un síntoma del modo como el Estado, sin necesidad siquiera de ejercer represión o intimidación, conduce a los ciudadanos y a los medios a moderar su sentido crítico. Y en un país acostumbrado a la suspicacia, será inevitable que muchos crean que una empresa que aspira a que el Estado le adjudique un canal de televisión querrá, por lo menos por un tiempo, no molestar con críticas excesivas o con investigaciones de casos como el de Agro Ingreso Seguro.

Yo, por supuesto, partiendo del principio de presumir la buena fe, creo en las razones ofrecidas por la Casa Editorial El Tiempo. Lo que pienso de esas razones está ya suficientemente dicho.

3 comentarios:

  1. Estimado Ándrés: aunque no he sido suscriptor de Cambio, entiendo tu reacción frente al cierre. Sin embargo me quedan dudas frente a lo que dices. Si las razones fueron en realidad políticas, como pareces sugerir, habría que protestar con más energia. Pero si fueron económicas, como ellos dicen, habría que examinar el asunto con más cuidado. Porque si estaba produciendo pérdidas, uno entiende que los propietarios suspendan el asunto. Después de todo, como decían los márxistas, lo económico es "lo determinante en último término". Pero si era sólo asunto de que no producía 'suficientes' ganancias, habría que realmente sospechar de la 'disculpa'.
    Cordial saludo,

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  2. No se cuales serían las razones, ni si la tristeza y sobre todo la decepción deberían estar enfocadas hacia los dueños de Cambio o hacia los Colombianos que no somos capaces de mantener un número decente de publicaciones de opinión en el mercado. Pero mirando la página del tiempo hoy, ví la portada de Aló sobre el aumento (o no) de senos de Jessica Simpson y se me revolvieron muchas cosas por dentro.

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  3. Es muy posible que se los motivos del cierre de la revista fueran tanto económicos como políticos. Sin embargo, y no tengo ninguna duda al respecto, el peso de las presiones políticas en época de campaña debio ser más fuerte. No nos queda más que agradecer por estos medios alternativos, que si bien no tienen la misma masividad, nos permiten expresar con toda libertad, lo que pasa por nuestras mentes.

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