martes, 4 de mayo de 2010

El "segundo aire" de la campaña de Santos parece un humo denso y oscuro

No soy experto en estrategia política, ni en la floreciente disciplina del “marketing” político. Y no creo que haga falta serlo para observar lo que es un absurdo evidente.

Tras semanas de estancamiento en las encuestas, durante las cuales ha visto a su contendor (Mockus) subir en ellas de modo rápido y pronunciado, Juan Manuel Santos decide hacer un “relanzamiento” de su campaña. Lo hace ante un auditorio lleno de caciques políticos, de tránsfugas, de oscuros ex funcionarios de gobiernos anteriores —más expertos en la intriga que en las ideas—, y de ideólogos de la derecha radical. Y como si esto fuera poco, ante tan selecto auditorio presenta con pompa a su nuevo asesor, el más que polémico J. J. Rendón, cuya llegada produce la indignación de uno de los pocos jóvenes interesantes que militan junto a Santos, Nicolás Uribe; él se considera víctima de las maquinaciones de Rendón, llamado por Fabio Echeverri “el artífice de las campañas sucias”.

Queda planteado así el absurdo: Santos viene siendo superado por un candidato cuyas banderas son la renovación y la transparencia, la cultura ciudadana, y el uso limpio de argumentos en la contienda política y en los debates democráticos. Santos —quien hace unas semanas se creía presidente electo— va camino de ser vencido por una campaña espontánea, movida por la iniciativa de sus simpatizantes, y por el entusiasmo de aquellos. Claramente estaba obligado a reaccionar y a replantear su campaña. Pero al hacerlo, en lugar de escuchar el mensaje de lo que demanda la ciudadanía, pone el mayor énfasis posible en todos los elementos que son hoy por hoy objeto de un fervoroso rechazo ciudadano, elementos cuya superación constituye un anhelo nacional.

La ciudadanía ha premiado a quien no tiene políticos clientelistas en su campaña: Santos llena la suya de aquellos. La ciudadanía demanda un debate electoral transparente y limpio: Santos contrata a un personaje cuyo nombre recuerda todo lo contrario. Ante una campaña rival marcada por el entusiasmo, por la esperanza, por el anhelo de renovación, y por la participación espontánea —y que viene triunfando con esas notas—, Santos opone las maquinarias, los manzanillos y los clientelistas, los maestros del cabildeo, los tránsfugas, los artífices de bajos métodos, y los ideólogos de la derecha radical.

Santos ha dicho que el “relanzamiento” de ayer busca darle “un segundo aire” a la campaña. Permítanme decir que ese nuevo aire, en mi opinión, más parece el oscuro y denso humo de una chimenea.

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