lunes, 31 de octubre de 2011

Gustavo Petro, Alcalde de Bogotá

GUSTAVO PETRO, ALCALDE DE BOGOTÁ: Hace unas semanas, expresé mi inquietud ante el programa político de Gustavo Petro, entonces candidato en ascenso a la alcaldía de Bogotá. Esta no es la hora de repetir esas observaciones. Gustavo Petro ha sido elegido de manera limpia y clara, tras una campaña que tiene numerosos elementos meritorios. Ya habrá ocasión para observar el desarrollo de sus programas de gobierno, y si es el caso, para expresar inconformidad con ellos. La única actitud admisible en este momento es la de dar la bienvenida al nuevo alcalde, y darle la oportunidad de ejecutar sus ideas. Y es también el momento para destacar un elemento que me produce gratificación, aun cuando Petro no fue el candidato de mi preferencia: su elección es un golpe que la ciudadanía propina contra esa terrible mafia de corrupción que ha venido destruyendo a Bogotá, y cuyo símbolo eran los hermanos Moreno Rojas. Contra ellos, copartidarios suyos, reaccionó Petro con el apoyo de algunos pocos amigos, como Carlos Vicente de Roux. Encontraron inicialmente indiferencia y luego hostilidad en su propio partido. Fue así como ese pequeño grupo de amigos fue a codazos excluído del Polo Democrático, para iniciar un recorrido que los lleva hoy al gobierno de Bogotá con un triunfo completo, tanto en alcaldía como en concejo. Todavía me cuesta entender cómo, habiendo sido tan notable y tan evidente el enfrentamiento de Petro con los dirigentes del Polo, Enrique Peñalosa y compañía insistieron en una estrategia electoral evidentemente absurda: la de querer presentar al nuevo alcalde como miembro del Polo. Nadie que hubiese visto un noticiero iba a tragarse semejante tontería.

BOGOTÁ, ¿PLAZA DE LA CENTROIZQUIERDA?: Tres victorias consecutivas dejan en evidencia la fortaleza que tiene la centroizquierda en Bogotá, en particular cuando se manifiesta el voto de opinión. Se trata, creo, de un voto crítico e informado, independiente de partidos, moderno en muchos aspectos. Un voto que bien podría ser atraído por las fuerzas del centro y la centroderecha, si no fuera porque en ese campo reinan las ambiciones personales. Así, mientras la centroizquierda tuvo uno y un sólo candidato fuerte, el sector contrario tuvo al menos cuatro: los esfuerzos por llevarles a la unión tropezaron con su vanidad y con su ambición personal. En estas últimas cualidades, y en la terquedad que ellas motivan, se destacaron Carlos Fernando Galán y David Luna: desde hace tiempo era evidente que sus candidaturas no tenían opción, pero ellos, seguramente motivados por el afán personal de ganar un lugar mayor en el escenario político, contribuyeron a atomizar el voto del centro y la centroderecha.

VARIAS ELECTORALES: La reacción ciudadana en Bogotá contra la mafia de la contratación infunde algo de optimismo: si bien la corrupción azota hoy a Colombia más que nunca, y los organismos de control sirven para muy poco, y sus encargados se preocupan sobre todo por salir en televisión, la ciudadanía y los medios de comunicación han quedado confirmados como los principales baluartes contra la corrupción. Celebro las victorias de Sergio Fajardo en Antioquia, Elsa Noguera en Barranquilla, y muy especialmente la de Rodrigo Guerrero en Cali: éste tuvo que luchar contra las mafias que gobiernan la ciudad; tuvo que luchar contra la temible presencia del ex senador Juan Carlos Martínez, “preso” quien hace de las suyas en la política de varias regiones; tuvo que superar, además, aquel preocupante incidente relacionado con sus firmas, con el cual casi lo sacan de la carrera. Hoy, este profesional íntegro puede devolver la esperanza a esta golpeada ciudad. Y por último: ojalá con sus pésimos resultados salga ya de la atención nacional alguien que jamás debió estar en ella: el tal “JJ”, a quien la frivolidad, la farandulería, y el tercermundismo nuestro convirtieron en importante personaje.

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