lunes, 12 de diciembre de 2011

Las lamentaciones de Camilo Jiménez

LAS LAMENTACIONES DE CAMILO JIMÉNEZ I: Se hizo famoso en Colombia un tal Camilo Jiménez, profesor --o ex profesor, no sé-- de la Universidad Javeriana, quien escribió en el Tiempo (dic. 9) una letanía, con la cual explica cómo decidió renunciar a su cátedra tras juzgar incapaces a sus estudiantes. Enumera el rendido profesor una cantidad de factores los cuales, en su concepto, debieron haber preparado de manera suficiente a sus estudiantes para tareas tan elementales como hacer un resumen. El texto mismo, firmado por el profesor “con un nudo en la garganta” es bastante confuso, y es difícil encontrar en él algo más que una sucesión de lamentaciones. Las cuales ni siquiera son nuevas: desde que tengo memoria --y, creo, desde que la humanidad tiene memoria-- han abundado los quejidos sobre la degeneración de la juventud. Cosa curiosa, pues si se considera el carácter lineal que tiene la sucesión de generaciones, se ve el absurdo de dicha actitud: quienes hoy lloran la presunta incapacidad de la nueva generación, fueron en algún momento una nueva generación ellos mismos, seguramente despreciada por los amargados de su época. El mismo profesor Jiménez recuerda que él fue joven, y, aunque ni en el estilo ni en la literatura hay cánones objetivos y absolutos, yo al menos preferiría otro tipo de expresiones en quien se supone evalúa y califica la escritura de otros: cuando fue joven “...fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates...” Jiménez sí asume normas absolutas que él pretende enseñar, y que según su versión no aprenden sus estudiantes, como la necesidad de “honrar la prosa”. En fin...

LAS LAMENTACIONES DE CAMILO JIMÉNEZ II: Con este episodio vino a mi memoria una experiencia que tuve hace algunos meses. Fui invitado a dar una charla a unos estudiantes de pregrado. Para mi sorpresa, cuando llegué al aula el profesor titular, hombre joven, muy serio y bien vestido, me esperaba en la puerta. Frunce el ceño, adopta actitud de “tú me entiendes” y me dice: “Con estos no vale la pena. No les interesa nada. No les importa sino el Facebook y el Blackberry”. Dos horas y media después, y entre protestas tanto mías como de los muchachos, tuvimos que abandonar el salón porque ya necesitaban cerrarlo: nuestra charla de una hora y media se había extendido una hora más. Ni la asistencia ni la permanencia eran obligatorias. Si hubiésemos tenido más tiempo, habríamos seguido allí, y habríamos pasado toda la noche entre referencias a Schumpeter, Darwin y Hayek. Los estudiantes no sólo participaron: algunos de ellos hicieron comentarios muy brillantes. Fue así como aquel grupo que según su profesor no valía nada me proporcionó ideas interesantes, y me dio la oportunidad de compartir con ellos una buena discusión. Rigurosa además, porque así lo demandaba el tema y porque es mi estilo. Ante ello, esos presuntos inútiles no se quedaron atrás.

LAS LAMENTACIONES DE CAMILO JIMÉNEZ III: No ignoro que hay problemas, y problemas serios. Es verdad que el bachillerato está produciendo jóvenes con deficiencias: éstas, sin embargo, no deben dar lugar a lamentaciones amargas, sino a reflexiones y planes de acción. Es tarea permanente de la comunidad académica detectar esas deficiencias, y proponer las reformas a que haya lugar en la educación secundaria. Pero además de esto hay una cuestión de actitud: es bastante tonto andar por ahí lamentándose de que las nuevas tecnologías, el Facebook, el Twitter, en fin, están produciendo malos estudiantes. Sin duda están produciendo estudiantes diferentes, quienes tienen métodos y costumbres comunicativas distintas. Lo cual por sí mismo no significa que sean malas. La más absurda de todas las actitudes es la de oponerse a la evolución. Esto lo observó con agudeza don Fernando Ávila, experto en gramática y ortografía, quien en su columna de Ámbito Jurídico aclaró alguna vez que nuestra bella y excelsa lengua castellana --cuyas virtudes Jiménez dice haber promovido en vano-- tuvo como origen un mal uso: en algún momento de la historia, hubo comunidades en la Europa mediterránea que empezaron a hablar mal el latín, produciendo mutaciones en sus formas, y mezclándolo con sus propios dialectos locales. De esas horribles degeneraciones surgieron la lengua de Cervantes, la de Voltaire y la de Leopardi.

5 comentarios:

  1. Quizás el tema sea también salarial. Estamos sobrecalificados pero subvalorados. Eso desmotiva, pues aunque haya pasión, no hay estímulo ni retribución. Y lo de los estudiantes, es real, doy fé de eso. Algo está pasando...

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  2. Pense lo mismo del articulo del profesor, no me parecia que diera muestra de gran habilidad literaria, y rendirse en publico ante el progreso es ... triste.
    Los estudiantes cambian, los padres, profesores y tios tambien debemos cambiar, se levanta la vara y tenemos que ponernos al nivel, reconozcamoslo son mas exigentes!
    La calidad en cambio es atemporal las charlas de un buen orador son apasionantes con o sin papelitos en clase, walkman, celular, Bb, Fb o Twitter

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  3. Andrés:creo que el símil de Ávila es desafortunado. Una cosa es que las comunidades imperiales, abandonadas a su suerte e influidas por diversas lenguas maternas, hayan parido el ramillete de las lenguas romances; y otra que la impericia lingüística de ciertos hablantes sea una fuerza creadora en las lenguas. Es decir, lo que le pasó al latín popular no se debió a la obstinación o contumacia de sus hablantes, sino al desenvolvimiento natural de una lengua en un medio dado, que no el designio de hablarla mal. Tampoco tiene visos de probabilidad que la desaliñada lengua de los medios modernos haya de ser la regla general castellana (toco madera).

    Elkin Saboyá (quintusgaetulius etc. etc.)

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  4. Señor Elkin,

    yo no se como se le ocurre a ud poner semejante barbaridad en la misma frase! La obstinación y la contumacia de los hablantes, más otras influencias, es lo que lleva a que haya evolución de la lengua. Ese es el proceso natural de creación de la lengua!

    Para la muestra: seguramente ud. dice ponqué, demostrando abiertamente su impericia en el lenguaje cada vez que algún pariente suyo cumple años, pues debería usar alguna otra palabra. Pues esa palabreja viene de que seamos obstinados y contumaces en el aprendizaje del inglés (una lengua no materna que nos influye precísamente por el Facebook y esas tecnologías). Esa palabra viene de "pound cake" y no la usamos sino en este país de indignados.

    Elemental, mi querido Elkin!

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  5. aunque me parece unos argumentos válidos, pues la situación no termino de la mejor manera, creo que el profesor se refería mas a la falta de intención, a la pereza mental de sus alumnos, sin ser estudiante de comunicación(estudio Administración Pública) me parece más bien una queja a la juventud, para que aparte de estar pendientes de un estado en Facebook, sean analíticos, críticos, y propositivos. De los contrario serán maquinas sin mayor profundidad.

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