viernes, 2 de noviembre de 2012

Por qué sí negociar con las Farc

Ha sorprendido a varios amigos mi posición favorable frente al proceso de paz. Recuerdan escritos y conversaciones en las cuales yo expresé escepticismo frente a dicha posibilidad. Revisándolos, se verá que mi temor no era a la negociación en sí, sino a una negociación improvisada, farandulera y sin estrategia como las que se han hecho en el pasado. Los anuncios de la semana son al respecto tranquilizadores. Hasta ahora todo indica que, de parte y parte, se está construyendo un proceso discreto y prudente, inmunizado en lo posible de la insoportable lagartería nacional. Me replican algunos que no se trata sólo de eso: me dicen que bajo ninguna circunstancia se debería negociar con las Farc. Me dicen que la organización carece de legitimidad política y que no es hoy más que una banda de narcotraficantes. Me recuerdan también sus horrendos crímenes y me dicen que carece de fundamento moral para negociar con el Estado. En cuanto a lo primero: evito usar el concepto de legitimidad, ya que nadie sabe qué significa y es por ello objeto de manipulación permanente. Y le considero innecesario en este razonamiento: me basta con saber que las Farc son una realidad histórica de la política colombiana, cuyo origen sería una necedad desconocer. Como necio sería desconocer la responsabilidad de la dirigencia en tal origen. No me interesa saber si son “legítimos” o no: sé que la mayor parte de la población les rechaza, y yo mismo participo de ese sentir. Pero he conocido el país lo suficiente como para saber que hay más de una región en la cual el juicio es diferente, porque las Farc han sido allí parte de la vida cotidiana desde hace décadas. Y los habitantes de esas regiones no son terroristas: son humanos y colombianos como yo, y jamás abogaría por su eliminación o su ostracismo. ¿Han cometido crímenes horrendos? Sin duda, no lo olvido, ni debe olvidarlo nadie. Pero el ramillete de autores de atrocidades es en nuestro país muy variado, y en él hallaríamos a muchos representantes del establecimiento. ¿Cuántos honorables legisladores no están presos por ordenar masacres y dirigir aparatos de terror? No veo la negociación como un asunto moral, sino práctico: se trata simplemente de hallar la fórmula para que las Farc dejen las armas y entren a la política. Ello no terminará la violencia en Colombia, pero pondría fin a una de sus más graves fuentes. Vanguardia Liberal, 9 de septiembre de 2012

1 comentario:

  1. Comparto su opinión, la paz no se va a lograr simplemente con una firma de negociaciones entre en Gbno y las Farc y/o otra organización al margen de la ley. Mientras hayan dirigentes -políticos- corruptos habrá desigualdad, si hay desigualdad existira gente inconforme y si existe gente con ese sentir se harán presente otros, dentro de ese grupo social, mas radicales dispuestos a tomar las armas.

    ResponderEliminar