lunes, 23 de marzo de 2015

¿Constituyente?

Publicado en Vanguardia Liberal el 22 de marzo de 2015 


Pretelt no es una manzana podrida. Esa metáfora, que refiere a un elemento corrupto dentro de un sistema pulcro, no puede aplicarse a la Justicia colombiana. Toda ella parece llena de podredumbre, cuando no de ineficacia y de falta absoluta de credibilidad. Aquella actitud de Pretelt de “si caigo yo caen todos” más propia de un delincuente común que de un magistrado, evidencia que la corrupción allí es sistemática y que otros tendrían también que responder.


Yo no dudo del grado de descomposición que ha alcanzado la Justicia. Como decía antes, no sólo está corrupta sino que es ineficaz: no cumple las funciones de resolver conflictos y castigar el delito. Tanto, que nuestra sociedad se ha ido adaptando imperfectamente a vivir sin ella, como lo mostró el último paro judicial, del que sólo los abogados litigantes se percataron.


Pero temo que, en medio de esta evidente verdad, empiece a incubarse una idea en la que ahora no veo sino peligros: la constituyente.


Verán que en pocos días las propuestas empiezan a surgir. Se dirá que la Justicia ha caído bajo, y ello es verdad. Se dirá que por la vía del Congreso será imposible su reforma, a lo cual no falta razón. Y se recordarán antecedentes recientes y más antiguos, en los cuales la Rama Judicial usó su poder para detener las reformas. De ello se concluirá que no hay otro camino que una constituyente.


Pero basta ver cuáles son las fuerzas que abanderan esto, para saber que sus intenciones son más ambiciosas. Lo de la Justicia es apenas el Caballo de Troya, la puerta de entrada a una constituyente que les permitiría refundar el Estado de acuerdo con sus ideologías.


Por ello, el lector no debe sorprenderse cuando constante que en esta propuesta coinciden dos fuerzas que en lo demás están enfrentadas a muerte: el uribismo y las Farc.


Las Farc han mantenido desde hace tiempo que el proceso de paz debe culminar en Constituyente, donde seguramente tratarán de refundar la patria a la manera totalitaria de su ideología. El uribismo, que viene pidiendo lo mismo desde hace ya siete años, la usaría para introducir su visión autoritaria y ultraconservadora de la sociedad.

Y como si esto no fuera suficiente para desconfiar de dicha propuesta, la verdad es que, en mi opinión, la crisis de la justicia no es problema de diseño normativo. La podredumbre es más profunda y compleja.

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