lunes, 10 de agosto de 2015

Mercados, a monitorear suerte del acuerdo con Irán en el Congreso deEE. UU.


En septiembre de este año, se tomará en el Congreso de Estados Unidos una decisión que tendrá impacto en la economía colombiana, y particularmente en dos indicadores: el precio del petróleo, y la tasa de cambio. Se trata del acuerdo nuclear con Irán. Como explicaré más abajo, el Congreso de Estados Unidos tiene la facultad de impedir su entrada en vigencia. Si esto ocurriera, el mercado mundial del petróleo lo registraría seguramente con ascensos de precios, cuya magnitud es de difícil previsión.
Se estima que, si el Acuerdo logra pasar en el Congreso, y son por tanto levantadas las sanciones sobre Irán, este país podría exportar aproximadamente un millón de barriles más por día. Si se tiene en cuenta que la oferta mundial es de aproximadamente 90 millones de barriles diarios, la cifra de un millón se ve bastante pequeña. Pero ese millón afecta a un mercado de muy alta sensibilidad, pues en él las fuerzas que empujan hacia el precio bajo son considerables: particularmente la desaceleración de China, y el aumento en la producción de Estados Unidos.

Ahora bien: el mercado ya reaccionó con optimismo cuando se firmó el acuerdo, el pasado 14 de julio. Desde esa fecha hasta hoy, el petróleo brent ha caído casi un 15%, aun cuando el acuerdo con Irán no es el único responsable: la desaceleración de China, mayor que lo previsto, ha tenido un papel central.

Conocemos la importancia del petróleo para la economía colombiana: para las cuentas fiscales, las exportaciones, y el producto nacional. Y hay una variable que ha mostrado ser muy sensible al precio del petróleo: la tasa de cambio. Puede verse cómo, mientras el petróleo ha vivido meses de fuerte caída, lo contrario ha sucedido con la tasa de cambio. Cosa que se explica, principalmente, por ser el petróleo una importante fuente de dólares hacia Colombia.

Por esto último, quienes monitoreamos la tasa de cambio debemos prestar atención a lo que ocurra con el acuerdo nuclear en el Congreso de EE. UU. De ser rechazado, la expectativa de mayor oferta se frustrará, y un grado importante de nerviosismo caerá sobre el mercado. Ambos factores pueden elevar transitoriamente los precios.

Expliquemos entonces los detalles de la situación.

  1. Aun cuando el acuerdo con Irán no es un tratado internacional, y no está sujeto a la revisión ordinaria que de ellos se hace en el legislativo, el Congreso de Estados Unidos quiso evitar que ese tratado entrase en vigencia sin una revisión.
  2. Por ello, el mismo Congreso se dio la facultad de revisarlo. El 22 de mayo aprobó la “Ley de Revisión del Acuerdo Nuclear con Irán”. Es importante tener en cuenta que la ley fue aprobada por una gigantesca mayoría: 98 votos contra 1 en el Senado, 400 contra 25 en la Cámara. Esto indicaría que el nerviosismo con la cuestión Iraní no es solo de los republicanos, sino que también existe en el partido del Presidente.
  3. De acuerdo con esta ley, el Presidente debe enviar el texto del acuerdo (trámite que se cumplió el 19 de julio), y el Congreso tiene 60 días para pronunciarse. Las posibilidades son que apruebe el acuerdo, que lo desapruebe, o que no diga nada. Si lo desaprueba, ello por sí mismo no acaba con el acuerdo. ¿En qué radica entonces el poder del Congreso? En que es este órgano el que debe levantar las sanciones. Si desaprueba el acuerdo, se entiende que no se levantan las sanciones, y el acuerdo en la práctica muere.
  4. Ahora bien, por no ser un dictamen sobre un tratado internacional, la decisión requeriría una mayoría simple en el Senado (que tiene 100 miembros) y en la Cámara (que tiene 435 miembros con voto).
  5. Pero el presidente Obama dijo desde el primer instante que, si el Congreso desaprueba el acuerdo, usará su poder de veto. En ese caso, el Congreso tiene la facultad de anular el veto presidencial, pero eso sí requiere una mayoría calificada: dos tercios de cada cámara (67 votos en en Senado, 290 en la Cámara).
  6. Si partimos del supuesto (no necesariamente exacto) de que todos los republicanos están contra el acuerdo, esto quiere decir que, para tener el poder de hacer a un lado el veto presidencial, se necesitaría que 13 demócratas del Senado y 43 de la Cámara se pongan de su lado.
  7. ¿Qué tan probable es esto último? Empecemos por el supuesto de que los republicanos votarán en bloque contra el acuerdo. Por ahora es un supuesto plausible, dada la polarización del país, y dado el hecho de que, desde la perspectiva republicana, esta es una oportunidad de oro para dar un golpe de gracia a Obama. Y hasta ahora, ningún republicano ha manifestado apoyo al acuerdo. ¿Pero cuán probable es, entonces, que incluso algunos copartidarios del Presidente se sumen al rechazo? La probabilidad existe, y como veremos más abajo, ya está ocurriendo. Lo que quedaría por verse es si estas deserciones son suficientes para sumar los votos requeridos para anular el veto.
  8. A mediados de julio, cuando se firmó el acuerdo, un artículo en Vox estimó como bajas las probabilidades de que los demócratas le fallaran a Obama. Advertía el artículo, sin embargo, que era necesario observar la decisión de dos congresistas demócratas estratégicos: Charles Schumner, de Nueva York, y Steny Hoyer de Maryland. Ambos congresistas han mantenido una línea fuerte de apoyo a Israel, y son sumamente influyentes en sus compañeros de partido.
  9. La deserción de Charles Schumner ya ocurrió: el viernes pasado anunció que se opondrá al acuerdo. Hoyer ha evitado pronunciarse, aun cuando la semana pasada criticó a Obama por decir que la única alternativa al acuerdo era la guerra.
  10. Por ahora, sin embargo, Obama parece seguir teniendo las mayorías. Varios líderes demócratas de gran importancia apoyan el acuerdo, entre ellos Hillary Clinton. Pero los esfuerzos de los opositores del acuerdo se han intensificado. AIPAC, la más poderosa organización norteamericana de lobby pro-israelí, ha amenazado a quienes apoyen el acuerdo, prometiendo financiar las campañas de sus rivales intra-partido. Y en general, la opinión pública parece estar bastante dividida. En muchos sectores hay la sensación de que Estados Unidos cedió en todos los puntos de la negociación, y no obtuvo nada significativo a cambio (ni siquiera la liberación de un prisionero). Allí hay un terreno fértil para los críticos del acuerdo, quienes lo caracterizarán como sello del declive internacional de Estados Unidos.
  11. Por su parte, Obama sigue defendiendo el acuerdo con un argumento: el de que nadie, ninguno de sus críticos, ha podido mostrar que hubiera una mejor alternativa. Un mensaje similar han ofrecido analistas como Fareed Zakaria. Este argumento puede ser cierto, pero a buena parte de la opinión pública puede sonarle derrotista: lo pueden interpretar, incluso, como corroboración de que Estados Unidos claudicó, pero que lo hizo porque no había alternativa. La eficacia política de ese tipo de mensajes es muy limitada.
  12. De acuerdo con el calendario, la votación deberá producirse a más tardar el 19 de agosto. Por ahora, y hasta el 8 de septiembre, el Congreso está en el receso de verano. Será necesario, en este período, monitorear minuto a minuto la actividad política para estimar de la menor manera posible el desenlace.

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