lunes, 15 de agosto de 2016

"Ser fuerte": como sociedad, como Estado, como economía

¿Qué significa ser fuerte? ¿Qué significa que una sociedad sea fuerte, o un país, o una economía? Generalmente asociamos este concepto con otros como la posesión de armas, ejércitos, sistemas de defensa y alerta, murallas, etc. Nuestra idea de fortaleza social parece estar asociada a conceptos que se aproximan a la invulnerabilidad: lo fuerte es lo sólido, lo impenetrable. Esa concepción es insostenible en el mundo de hoy. De hecho considero que es engañosa y lo ha sido en todas las épocas, pero hay ciertos aspectos de la nuestra que le hacen más inadecuada.

Tomemos el caso del terrorismo. Escribe Daniela Schwarzer en el Financial Times (paywall) que la clave para enfrentar el terrorismo no será la fuerza, entendida en aquel sentido tradicional, sino la resiliencia, es decir la capacidad de recuperarse de un daño, y de hacerlo de manera eficaz y tal vez rápida.

El punto es acertado: ninguno de nuestros recursos tradicionales de fortaleza nos va a hacer invulnerables frente al terrorismo. Incluso teniendo los cuerpos policiales y militares más robustos, incluso teniendo la inteligencia más efectiva, hemos visto que nada impide a un joven solitario y desequilibrado ver algunos videos de ISIS, y subir a un tren con un cuchillo casero y causar una tragedia. La sociedad fuerte, el país fuerte, no serán los que logren detener ese y todos los ataques, sino las que logren reponerse rápidamente de aquellos ataques que no puedan impedir. la misma lógica funciona con los ataques cibernéticos, de los cuales ningún país hoy puede considerarse blindado.

Una de las claves de la resiliencia social podría ser la diversificación. De hecho, ella es la clave de la resiliencia financiera: la manera más segura de ser fuerte ante los riesgos es diversificar las inversiones, de modo que el mal resultado que se obtenga en una no nos destruya por completo.

A nivel de un sistema social, la diversificación permite que los centros de actividad no sólo estén físicamente separados sino que lo estén de manera funcional. Exceptuando casos extraordinarios y de baja probabilidad, las crisis o los choques externos (como los ataques terroristas) suelen dañar o inutilizar un número parcial y reducido de centros de actividad. Los demás pueden conservar la capacidad para hacer que el sistema siga funcionando, así su rendimiento sea temporalmente inferior. Y deben también tener la capacidad de poner en marcha de manera inmediata la reanudación de las actividades afectadas.

Las economías avanzadas de mercado suelen hacer esto de manera espontánea. No ocurre necesariamente lo mismo en las organizaciones, y en tales casos, incluyendo desde empresas hasta gobierno, la diversificación tiene que lograrse mediante diseño.

Nuestra idea de fortaleza no puede ser entonces la de un castillo medieval, construido con rocas sólidas y defendido por murallas y fosos: sabemos que en el mundo de hoy ese castillo será vulnerado. Nuestra idea de fortaleza debe asemejar más al Estados Unidos que, aun habiendo sufrido un ataque como el del 11 de septiembre, que no sólo produjo una masacre humana sino que golpeó un punto clave de la economía, no se vino abajo por cuenta de tal ataque.

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