martes, 20 de diciembre de 2016

El problema de la paz es político, y no se resuelve con argucias jurídicas

Empiezo por aclarar que soy amigo del acuerdo de paz (de hecho, me gusta más el original que la versión enmendada). Pero creo que el gobierno y sus amigos han elegido una vía errónea para hacerlo entrar en vida. Esto porque, muy a la colombiana, están tratando de solucionar por la vía jurídica lo que es un problema político.

Explico: el problema consiste en que, por  razones diversas y complejas, que vienen de hace tiempo, el gobierno no logró crear un consenso amplio, sólido y suficiente de respaldo popular al proceso y al acuerdo de paz. Y frente a la derrota en el plebiscito, que fue evidencia de que no existe ese consenso (como lo habría sido una victoria estrecha del sí), el gobierno y sus amigos han optado por argucias jurídicas para darle vida al acuerdo: primero, su "refrendación" en el Congreso, y ahora una demanda en el Consejo de Estado en la que se alega que la campaña del no se basó en mentiras. En esto último han obtenido ya una victoria parcial, con unas medidas cautelares.

Lo que es increíble que ignoren es que, incluso si estas argucias jurídicas funcionan, el problema político va a seguir vivo. La inexistencia de un amplio consenso social en favor de los acuerdos va a persistir. El acuerdo nacerá afectado de una gran debilidad política, y las consecuencias de ello pueden ser enormes. Colombia se va a privar de la oportunidad de edificar una paz sólida y sostenible, cosa que solo un amplio consenso en favor de los acuerdos podría garantizar. No una ley aprobada a las carreras, ni una certificación de la Cámara de Representantes, ni una medida cautelar de una magistrada. Estas no son bases firmes para la construcción de un nuevo país. 

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