viernes, 31 de marzo de 2017

Aquí les cuento por qué me uní a la Fundación Azul Bogotá

Hago parte como miembro fundador de Azul Bogotá, una fundación que se dio a conocer esta semana, y a la cual dimos vida Andrés Villamizar, José Fernando Flórez y yo con el propósito de oponernos a la revocatoria del alcalde Enrique Peñalosa. Aquí cuento por qué decidí unirme a esta iniciativa.

Empiezo por lo que lamentablemente, en un país lleno de suspicacias fundadas en la experiencia, suele ser lo primero: no tengo relación laboral ni contractual con la administración actual, ni la he tenido (ni con esta, ni con ninguna otra); sé que alguna vez se me consideró, junto con otros candidatos, para un cargo en el Distrito, pero ello no llegó más allá de esa consideración. Tampoco milito en ningún movimiento político, ni de los que apoyan a Peñalosa ni de los que se le oponen. Y la verdad, tengo amigos (buenos) en casi todas las regiones del espectro político distrital y nacional.

Dicho lo anterior, cuento mi historia y doy mis razones.

Estoy en Azul Bogotá por dos razones. Las explico, no en orden de prioridad ni de importancia: ambas para mí pesan lo mismo.

La primera: porque concuerdo parcialmente con aspectos importantes de la visión de ciudad que, en mi opinión, tiene y representa Peñalosa. Repito, parcialmente, aunque dicho énfasis no debería ser necesario: de todo mandatario se aprueban algunas cosas y se desaprueban otras. En mi caso, tengo una visión de la ciudad según la cual ésta debería ser un espacio sobre todo humano y público, donde los automotores vayan gradualmente perdiendo importancia en favor del caminar, de la bicicleta y del transporte masivo; donde los espacios públicos sean amplios y dignos; una ciudad caminable, donde no haya que suplicarles a los conductores una oportunidad para pasar la calle y obtenerla por misericordia; una ciudad con andenes, llena de parques, bibliotecas públicas, sin cerramientos ni apropiaciones arbitrarias de los espacios de todos. Este es un elemento central de mi ideal de ciudad, y al menos en esto, encuentro en el alcalde Peñalosa sintonía casi total. Reconozco además su capacidad como ejecutor.

¿Cómo encuentro esa sintonía? Más por sus acciones que por sus palabras. No sé por qué, pero en su segundo período el alcalde ha sido menos asertivo que en el primero en la exposición de su idea de ciudad; pero como conozco lo que se hizo en su primer período, y conozco por otras vías su manera de pensar (entrevistas, escritos, conferencias), sé que coincide con la mía en esos aspectos centrales, y quiero que tenga el tiempo y los recursos para ejecutarla. Por ello, no quisiera que la revocatoria le prive de la oportunidad de hacerlo.

La segunda: porque, como institución, creo que la revocatoria del mandato, al menos en sus términos actuales, es una institución potencialmente muy dañina. Como está planteada la revocatoria (y en particular esta de Peñalosa, que empezó a proponerse desde antes de su posesión), ella parte de la premisa de que los mandatarios deben dar resultados visibles y que agraden a la ciudadanía muy rápidamente, tal vez en los primeros seis meses de gobierno. Esto es un incentivo, casi un mandato, en favor del cortoplacismo: toda ciudad tiene que pensar en planes de largo plazo, y muchas veces ellos requieren paciencia y algo de sacrificio. Y no hay reforma profunda y estructural que se pueda hacer si la prioridad es darle gusto a la gente rápido, o, como incluso han sugerido algunos, marcar alto en las encuestas. Si la revocatoria de Peñalosa prospera, de aquí en adelante todo alcalde de Bogotá (y tal vez de toda ciudad colombiana) se va a sentir obligado a hacer lo que sea para figurar bien en las encuestas y para dar aparentes resultados al instante. Se acabaría toda posibilidad de planificación a diez, veinte, y hasta 50 años, que son los escenarios en los que deberíamos estar pensando. La política tipo reality show se tomaría las ciudades colombianas.

Un par de precisiones adicionales:

Sobre el segundo punto: no siempre he pensado así. Cuando la revocatoria de Petro se propuso, la apoyé en una columna, y haberlo hecho fue un error. Un error de análisis y de ponderación muy serio de mi parte. Un error del cual vine a caer en cuenta gradualmente, y así lo expresé en redes sociales (ejemplo, ejemplo y ejemplo), aunque tal vez no con la extensión que el tema merecía (siempre condené la acción disciplinaria de Ordoñez). Hoy creo que, en medio de todo, fue bueno que Petro pudiera terminar su período, y sinceramente espero que Peñalosa continúe con las iniciativas que, habiéndose iniciado con Petro, sean buenas para la ciudad en el largo plazo. Sé que con esto me caerá encima la policía de la coherencia, esos que andan en redes sociales señalando "Ud dice ahora esto pero antes dijo esto"; les respondo: los seres humanos no salimos del vientre materno dotados de toda la sabiduría universal: vamos aprendiendo, vamos mejorando, vamos madurando, y lo hacemos error tras error. Mi error en ese entonces, más que pensar que la revocatoria fuera buena, fue un error metodológico: el de permitir que los asuntos de coyuntura tomaran prioridad en el análisis.

Sobre el primer punto: por supuesto no estoy de acuerdo con todo lo que propone o proponga Peñalosa. Eso sería imposible: nadie jamás podría estar de acuerdo en absolutamente todo lo que haga o deje de hacer un gobernante. La única manera de hacer eso es suspender el pensamiento crítico. Me gustaría, por ejemplo, que el alcalde fuera más crítico en el caso Transmilenio, y, reconociendo la bondad del sistema como idea, reconozca también que está afectado de fallas muy graves que requieren intervención. También me gustaría oír que Transmilenio va a abandonar el Diesel. Critiqué la manera como se promovió en un principio la venta de la ETB. Y podríamos seguir encontrando ejemplos, pero el punto esencial es este: aun cuando no estoy de acuerdo en todo, sí creo que Peñalosa comparte elementos esenciales de mi visión de lo que es una buena ciudad.

Por estas dos razones me opongo a la revocatoria, y acepté la invitación a unirme a Azul Bogotá. Tengo varios amigos que opinan lo contrario, y con ellos he podido dialogar en el curso de esta semana. Sus puntos de vista han ayudado a enriquecer mi perspectiva, y espero me los sigan ofreciendo (les hablo, Sandra S y Sandra B, Mario Roberto, Santiago, Juan Camilo, etc).

2 comentarios:

  1. Totalmente de acuerdo, yo apoyo a Peñalosa porque vivo en un país donde calidad de vida está por encima de temas políticos, la gente en Colombia no sabe que es poder caminar sin sentir temor, no pasar horas en un trancon, tener la dicha de pasar un fin de semana en un parque. Para ello se debe tener infraestructura y teniendo en cuenta las limitaciones económicas y de cultura corrupta, todo peso debe ser invertido de la mejor forma para que cubra más necesidades, por ejemplo el metro elevado.

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  2. Precisamente, porque no es un ser crítico, sino un ejecutor de políticas que arremeten contra lofundamental en una sociedad que ya aprendió, lo demostró Cajamarca, a pronunciarse, a ser activa y nuestras generaciones y venideras deben comprender que las políticas y eufemismos económicos, destruyen la calidad de vida, no es comodidad de vida, es relación, recuerden que los seres vivos se relacionan lo que pretenden las escuelas de pensamiento es permenecer, nocambiar, yel cambio es inmanente a nuestra existencia. Si de verdad fuese crítico un gobierno citadino, corroboraria los adelantos de los anteriores y no debilitaria procesos en la ciudad, ya cúantos niños van muertos por meningitis, algo que se puede prevenir, se acabaron los programas que ellos llaman asistencialistas, port que no dan plata ni imagen, para uqe sevayan usted y el otro amante de la bacaneria a Amsterdam, Frankfurt o a la puta mierda, pués porno hacer cosas correctas y dejar que su ego crezca muere gente, se empobrecen familias y la tristeza se apodera de la gente y ahí si, enfermos, 11, 5 desempleo , altisimo desde 2004, ylo dice la multinacional de los medios. Ah otra cosa, lean carajo lean!

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