domingo, 11 de junio de 2017

Vamos a cometer una gigantesca torpeza

Los colombianos estamos a punto de cometer una gigantesca torpeza. Por increíble que parezca, todo indica que la contienda presidencial de 2018 tendrá otra vez como tema central a las Farc. Parece que el proceso de paz no hubiera servido para que avanzáramos en nuestra definición de prioridades como sociedad. Y de nuevo entonces estamos discutiendo sobre las Farc, cuando deberíamos estar hablando de superación de la pobreza; de llenar el país de vías terciarias; de los desafíos demográficos y financieros del sistema pensional; de modernización y productividad de una economía que lleva 30 años cualitativamente estancada (y cuya gran esperanza ahora es exportar aguacate...); de inversión en ciencia (nuestros niveles mediocres nos están condenando a seguir estancados); de modernización cualtivativa y expansión cuantitativa de la educación; de metros para las ciudades; y sobre todo, de reforma del sistema político para evitar que el clientelismo y la corrupción sigan saqueando el país.

Estas deberían ser las grandes prioridades de la agenda nacional. Pero no. Resulta que las fuerzas se están alineando entre los que prometen defender el acuerdo de paz y los que amenazan hacerlo trizas. Qué gigantesca estupidez. Cuánta ceguera hay en esa dicotomía, que a mi modo de ver se debería resolver desde una perspectiva pragmática, basada en dos constataciones elementales: primera, que el acuerdo de paz es irreversible, es ya una realidad que se está cumpliendo, y cualquier sugerencia de desconocerlo nos pondría en el nivel más grosero de quienes ni siquiera son capaces de cumplir su palabra; y segundo, que sí es necesario que la implementación se ejecute bajo una vigilancia estricta para evitar abusos, reciclaje de violencias, lavado de fortunas ilícitas, y amnistías a criminales comunes. Que se haga esto con el acuerdo, que se le vea desde una perspectiva pragmática, y que Colombia pueda seguir adelante con lo que deberían ser sus temas prioritarios.

"Menos política, más administración", decía Rafael Reyes a principios del siglo XX (ni siquiera él lo logró). Y aquí seguimos, dedicados a las discusiones políticas (ahora concentradas en el acuerdo de paz) y volviendo a dejar atrás nuestras verdaderas tareas de desarrollo.  Y mientras en Corea o Singapur cualquier decisión la piensan a 30 o 50 años, aquí no somos capaces de ver más allá de la polémica matutina. Así las cosas, nada garantiza que en 2022 otra vez los candidatos no estén hablando de lo mismo, quién sabe ya con qué pretexto. Por ahora, 2018 es la mejor oportunidad de romper ese ciclo: no la dejemos pasar. 

1 comentario:

  1. Creo que somos decenas de millones los que compartimos su visión. Por supuesto que es una necedad esta situación a la que la ciudadanía ha sido artificiosamente conducida y lo que es (¿era?) motivo de regocijo y jolgorio internacional, alcanzar un Acuerdo de Paz, es nuestra condena, una cadena de fantasma que perniciosamente un ínfimo y minúsculo sector insiste en colgar al futuro nacional.
    Siendo un fantasma pues la guerra con las FARC-EP ha muerto, querríamos que desaparezca, la reacción al holograma que se proyecta no es la apropiada; creo que en la medida que más personas pronunciemos el conjuro a una voz, el llamado insano menguará y desaparecerá, ojalá pronto.

    ResponderEliminar