sábado, 3 de junio de 2017

Pequeña taxonomía de opositores a la lucha contra el cambio climático

Algo que sorprendería al lector, en vista de la condena casi universal que ha recibido Trump por retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París, es que existe un sector donde el sentimiento es casi unánimemente el contrario: la derecha estadounidense. Esta, en casi todas sus vertientes y en casi todos sus sectores, profesa una de varias especies de rechazo a la lucha contra el cambio climático. Así, la decisión de Trump recibió aprobación casi unánime en la derecha de su país, incluso en los sectores que han criticado y combatido a este Presidente (los "never-trumpers"): la National Review, por ejemplo, bastión del conservatismo pero fuerte opositora de Trump, aplaudió su anuncio.

Por razones de trabajo, en años anteriores frecuenté y conocí bastante a los diversos círculos de la derecha estadounidense, incluyendo conservadores tradicionalistas, conservadores económicos, libertarios, originalistas, confederados, etc. A partir de esos recuerdos, voy a ensayar hacer una taxonomía amateur de las diferentes posiciones a partir de las cuales se rechaza la lucha contra el cambio climático.

Y empiezo esta taxonomía por definir tres grandes familias, a las que llamaré negacionistas, indiferentistas y aceptacionistas (y en cada una hay varias especies). Los primeros niegan que el fenómeno ocurra; los segundos parecen indiferentes a su ocurrencia; los terceros aceptan que ocurre pero, por una de varias razones, no consideran que haya que luchar contra él. Veamos:

1. Negacionistas
Aquí agruparemos a todos los que, por una u otra razón, niegan que el cambio climático esté ocurriendo o vaya a ocurrir. Identifico aquí estas vertientes (algunas de ellas bastante delirantes):

  • Negacionismo creacionista: Su argumento procede de esta manera: "Dios, al crear el universo, nos entregó la Tierra y toda la naturaleza para que hiciéramos con ella nuestra voluntad. Ese es el orden de las cosas, y está garantizado por Dios: nada malo va a pasar". Obsérvese que es un argumento axiomático: parte de un primer principio y deriva una imposibilidad lógica: "es imposible que pase algo malo en la Tierra porque Dios nos la dio y dijo que podíamos hacer con ella lo que quisiéramos". Créanme, esta línea de pensamiento existe. A la famosa Ann Coulter le oí alguna vez este argumento en televisión.
  • Negacionismo paranoide: En esta visión, se sostiene que el cambio climático es una mentira, un engaño (hoax) cuyo propósito es someter a Estados Unidos o destruir el capitalismo. Aquí también hay varias subvertientes: los que dicen que esto se lo inventaron unos académicos y que todos los académicos son socialistas; los que creen que es un invento de China (Trump varias veces lo dijo); y y los que creen que, caído el bloque comunista, la izquierda se ha dedicado secretamente a conspirar contra el capitalismo inventando recursos como este. Créanme, esto también existe. 
  • Negacionismo pseudocientífico: Hay quienes sostienen que el cambio climático no existe, y se apoyan en argumentos de apariencia científica, aunque sin ofrecer evidencia sistemática. Hay quienes, por ejemplo, sostienen que los ciclos astronómicos indican el advenimiento próximo de lo contrario, de una nueva era glacial. Hay quienes sostienen que el aumento en las temperaturas no está científicamente probado; y hay quienes afirman que, aun si lo está, corresponde a un ciclo de corto plazo que terminará pronto. Y claro, hay quienes se apoyan en fenómenos puntuales de baja temperatura (un invierno fuerte, una tormenta de nieve) para decir que no hay calentamiento atmosférico. 

2. Indiferentistas
Aquí agrupamos a quienes ni siquiera parecen preocuparse por la cuestión de si el cambio está ocurriendo o no, y apuntan a lo que ellos consideran consecuencias perjudiciales de las medidas para combatirlo. A diferencia de la familia anterior, poblada por locos y paranoides, en esta pueden encontrarse personas y sectores con una apariencia bastante normal:

  • Indiferentismo economicista: Hay sectores, muy importantes e influyentes, que rechazan medidas como el Acuerdo de París por el impacto que supuestamente tendrían en la economía estadounidense: ven allí limitaciones a la capacidad productiva general, posibles impactos recesivos en los patrones de consumo, y un perjuicio para el sector energético. Estas ideas se profesan en los sectores más aparentemente respetables de la derecha: no es el loquito que en su blog dice que Dios nos regaló la tierra, sino señores y señoras muy bien vestidos en salones elegantes. Por ejemplo el llamado Club for Growth, y su ex director Stephen Moore (asesor de Trump) caben en esta categoría. 
  • Indiferentismo juliansimonista: El nombre abstruso viene de Julian Simon, el gran optimista por excelencia que murió en 1998: un economista antimalthusiano que se dedicó a compilar series estadísticas para mostrar que todo en el mundo va mejor. Y como en muchas cosas tenía razón, hay un sector de indiferentistas que, por la misma vía, consideran que en general la tendencia del mundo es hacia un estado cada vez mejor: en cuanto a pobreza, salud, educación, y cómo no, medio ambiente. Así que no hay de qué preocuparse. 
3. Aceptacionistas
Aquí agruparé a varios sectores que de una u otra manera aceptan que el cambio climático es una realidad, pero creen que las medidas propuestas para controlarlo (como las del Acuerdo de París) son un error:
  • Aceptacionismo adaptabilista: Lo parafraseo así: "el cambio climático existe pero luchar contra él no tiene sentido, lo que hay que hacer es adaptarse, construir capacidad de adaptación". Esta vertiente, influida por una visión clásica de la economía, subestima los costos de la adaptación (como si fuera así de fácil que sociedades enteras, ciudades completas, por ejemplo, simplemente se fueran para otra parte). Ahora bien: me consta que ciertos sectores de la industria petrolera empezaron a promover y financiar esta visión, cuando ya se les hizo insostenible continuar apoyando al negacionismo puro. 
  • Aceptacionismo priorizacionista: Son los discípulos de Bjorn Lomborg, el famoso danés que en 2001 publicó El ambientalista escéptico. La tesis de este sector puede parafrasearse así: "Sí hay cambio climático, pero la humanidad tiene otros problemas que son prioritarios, y es un error destinar recursos y esfuerzos a combatir un problema aún incipiente, en vez de combatir los que sí tenemos: el hambre, la malaria, el VIH, la falta de agua potable, etc". Lomborg formó una organización llamada Consenso de Copenhague para identificar los problemas más prioritarios de la humanidad. 
  • Aceptacionismo optimista: Aquí también hay seguidores de Julian Simon, o de su línea de pensamiento. Es algo así como "Sí, el calentamiento global es una realidad, pero lo vamos a superar, como hemos superado otras crisis ambientales, gracias a la innovación, la tecnología y el avance científico". Estos optimistas suelen señalar crisis ambientales del pasado que fueron superadas, no coartando el capitalismo sino gracias a sus propios desarrollos: cuentan, por ejemplo, cómo en el siglo XIX y principios del XX, cuando las fábricas y los trenes funcionaban con carbón, sobre las ciudades había siempre grandes nubes negras, cosa que se fue superando con el advenimiento de la tecnología, y de métodos más eficientes y limpios de producción. El problema de esta visión, al menos desde mi punto de vista, es que equivale a confiarle nuestra supervivencia como humanidad a una expectativa que no tiene otra base que lo que ha ocurrido antes. ¿Y qué tal que esta vez no suceda? Es perfectamente posible. 
  • Adaptacionismo evangélico: Y no podía faltar el espacio para los loquitos. Tim Walberg, representante a la Cámara por Michigan, dijo hace tres días que si el calentamiento global existe, Dios lo solucionará...

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