viernes, 2 de junio de 2017

Zero-sum Trump

En todo: en economía, comercio, defensa, medio ambiente, alianzas políticas, etc., Trump procede a partir de una visión a la que sería incluso incorrecto llamar infantil. Es más bien primitiva: es la forma más radical de ignorancia en cuanto a las relaciones entre humanos, entre comunidades y entre naciones. Consiste en ver todo en el mundo como un "juego de suma cero", es decir, un juego donde toda ganancia que alguien logre debe necesariamente corresponder a una pérdida que otro u otros sufran: si yo gano $ 100 es porque se los quité a alguien, y si mi contraparte gana $ 100 tiene que ser que me los quitó a mí. Así lo dijo ayer, al anunciar que retira a Estados Unidos del acuerdo de París: según Trump, dicho acuerdo "...pone en desventaja a Estados Unidos, sólo para ganar el aplauso de aquellas capitales extranjeras y aquellos activistas globales que han buscado desde hace tiempo ganar riqueza a costa de nuestro país".

El mismo desacierto permea su concepción del comercio, y le lleva al error primitivo de creer que toda importación es una pérdida para quien importa en favor de quien le vende: el mundo, visto así, tiene una cantidad limitada de riqueza, y lo que hay que hacer es tomar la porción más grande que se pueda.

Trump no entiende el concepto de cooperación. Trump no entiende cómo se crea riqueza a través de las relaciones económicas, cosa que Adam Smith le podría haber explicado en 1776, cuando escribió que, por efecto de la división del trabajo y del interés propio, las transacciones económicas crean riqueza, no se limitan a repartir la que existe. Tampoco entiende el hecho de que las alianzas políticas, con todo el costo financiero que puedan tener, crean condiciones que son beneficiosas para todos los involucrados en ellas (y a veces para el resto del mundo). Como se dice hoy, crean bienes públicos internacionales o globales. Pero esto es demasiado pedir para una comprensión tan primitiva como la de Trump: él no entiende, por ejemplo, que una alianza como la OTAN tiene como fin crear unas ciertas condiciones que benefician a sus miembros, y entonces lo único que le interesa es ver cuánto pagan de cuota los países integrantes y cuánto paga Estados Unidos.

Ahora bien, el supuesto gran negociador que dice ser Trump no entiende nada de negociación. Porque si hay algo que saben los verdaderos negociadores en todo ámbito (comercial, legal, político) es que una buena negociación es un ejercicio cuyo fin es que todos los involucrados ganen; no es, como cree Trump y como cree el burdo negociante callejero, un ejercicio donde yo gano a expensas del otro, y donde si el otro gana algo es porque me lo quitó a mí. Los grandes negociadores empresariales crean riqueza allí donde no existía. Los grandes negociadores políticos crean nuevas y mejores condiciones para todos los involucrados.


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